¿Se puede hablar con Dios?

El día de ayer por la mañana invité a mis abuelos a desayunar barbacoa. Fuimos a un lugar típico que nunca queda mal. Marina se dió el día libre, mientras que a mí se me liberó de conectarme toda la mañana.

Habíamos acordado de vernos a las 10:30, lo que en horario abuelo quiere decir 10:00 am, por lo que a las 10:02 ya se nos notificaba de nuestro bochornoso retraso.

Llegamos al lugar tan pronto nos fue posible. Mis abuelos, sentados en una mesa al fondo con una bandeja de pan casi terminada, dos cafés de olla, y un aura de tranquilidad que solo los abuelos pueden transmitir.

La platica como siempre fue escalando de menos a más, comenzando por el breve interrogatorio para actualizar nuestro contexto.

Ellos – ¿Cómo va la chamba?, ¿Qué tal está la joyería?.

Nosotros – ¿Cómo va el colegio? (donde mi abuelo trabaja) ¿Qué tal andan de salud?.

El breve resumen de nuestras vidas se terminó junto con la segunda canastilla de pan con mermelada. Conforme nuestros platillos fueron llegando, fuimos platicando sobre el duelo del perrito que escapó de su casa, de la nueva realidad de tener «perrhijos», los intereses que ahora atañen a la juventud, y los intereses que movían las almas jóvenes de mis abuelos.


Mis abuelos ahora cumplen 25 años recorriendo «El camino rojo». Una transición espiritual basada en las tradiciones de pueblos originarios Lakota.

Desde niño fui testigo de ceremonias como Temazcales y Danzas que me dieron una idea—diría superficial—de lo que es este acercamiento al Gran Espíritu.

Personalmente me ha sido difícil observar el camino que a mis abuelos les ha requerido de gran sacrificio físico en perspectiva de quien no conoce. Aunado a que mis abuelos dentro de la comunidad son conocidos como «Los Abuelos» por lo que compartirlos también ha sido parte del paquete.

La mayor parte de la plática giró en torno a «La Visión». Evento que sí tuviera que explicarlo con mis palabras diría que es apertura y culminación de un año de introspección espiritual.

Se celebra a la par de Semana Santa. No por ser par religioso, sino porque se sincroniza con la tercer luna del año.

Durante La Visión se lleva a cabo un aislamiento total en distintos puntos de una montaña. Se ayuna durante 4-5 días. En este encuentro con la naturaleza y consigo mismo suceden muchas cosas, cosas que yo aún no me he atrevido a vivir, pues siento que no estoy preparado para lo que pueda encontrar.

Mi abuela por su parte ha subido a la montaña siete veces, mientras que mi abuelo ha subido una. Mis tías han subido también, y a mí me ha tocado apoyar desde el campamento base donde se reza y se vive al pendiente de quienes suben.


¿Cómo escuchar a Dios?

Naturalmente donde nací y crecí la religión más popular, consumida y pregonada por mis vecinos es la religión católica.

Estudié catecismo al mismo tiempo que aprendía a escribir planas de mi nombre durante el kínder. —Curiosamente en mi libreta había una lista considerable de repeticiones de «Edgar» porqué no entendía que mi nombre fuera «Agni».

Ahora que soy adulto me es común asistir a las misas del domingo, de vez en cuando ayudar a mi suegra en las kermeses de la parroquia, y persignarme siempre que paso frente a un templo. Todo a manera de superstición sí soy honesto contigo y conmigo.

Sin embargo, debo admitir que durante esta vigilia, fiestas de pascua, misas de resurrección, etc… mi sentir espiritual fue similar al de una casa abandonada del centro—arreglada por fuera, pero desolada en su interior.

Una crisis espiritual se ha estado formando en mí, lo que me llevó a abrir por primera vez la Biblia que dormía tranquilamente entre las repisas de mis libros.

Gran sorpresa ver tantas páginas tan delgadas que te ofrecen un vistazo a la futura página 10 cuando apenas vas en la 7.


De vuelta al desayuno

Llegó la cuenta. Mi abuelo nos muestra un video donde aparece mi abuela rodeada de una multitud de personas entre las pirámides de Teotihuacán.

Mi abuela está vestida completamente de blanco, con un velo que le cubre completamente la cabeza, solo permite develar su rostro. Se ve tan bonita sonriendo, viviendo un destino innato que solo nos queda contemplar a quienes la razón y la lógica empujan nuestros cuerpos.

¿Cómo empezaron este camino? pregunté.

Mi abuelo Agapito me heredó un morral pintado por él mismo, y siempre sentí una cercanía especial hacia con él, me respondió mi abuela sonriendo, como si una verdad cósmica viviera detrás de sus dientes.

¿Por qué yo, con ésta cabeza llena de dudas, no me entregó al cambio por el Camino Rojo como mis abuelos?

—Porqué tu debes seguir tu propio camino, me respondió mi abuelo. Pero verdaderamente seguirlo, aferrarte a tu creencia, y formar parte de ello con profundidad. Es más fácil «cambiar» por comodidad que perseguir una auténtica experiencia mística.

Y así lo siento. Para mí incluso ser Ateo es necesaria una profundidad de la que yo carezco. Ser agnóstico pasivo suena como una respuesta sencilla a una espiritualidad vacía.

Aprender un poco más de las enseñanzas y confesiones cristológicas, como el acercamiento a Dios a través de la conciencia, o del nous, es algo lejano aún para mi entendimiento, pero por algo se empieza.

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