– En Durango.

Cada año nuestra esperanza de vida aumenta. La vida se vuelve un tanto más sencilla. Y nosotros un tanto mas flojos. ¿Y qué hay sobre tener hijos? Curiosamente hay una historia a través de los datos que nos lleva a reflexionar.

Y no soy nadie para juzgar. Este ensayo no lo escribo para ponerte a dudar tus decisiones de vida.

Esto es The Barking Data, no tu tía «favorita» en la cena de Navidad.

Siendo un joven de 28 años, en México, recién casado, es muy común tener la plática del:

pa cuando entonces…” – Tu tía favorita en la posada familiar.

La idea de tener una extensión de mi ADN vagando por el mundo, así toda chiquita y toda tierna es algo queeee… No sé si me emocione.

Por eso aproveche un excelente curso en Tableau, y fuentes de información del World Bank para indagar un poco más sobre cómo han disminuido los hijos por familia en cada país. Y al mismo tiempo comparar los años de vida que han ido aumentando.

Tener un pequeño bebé es una decisión que me comprometería económicamente unos 25 años (Ojalá menos, si sale bueno pa chambiar). Pero que me comprometería emocionalmente mucho más que eso. ¿Tal vez hasta que llegue a la edad de 107 años?

Sniffing some data

Eje X: Fertilidad, Eje Y: Longevidad.
Link a la data en Tableau.

En los tiempos de antes no había tanto que decidir.

En la época de mis abuelos, tener hijos era todo menos una decisión. Por cómo me platican, tener hijos era lo convencional a partir del matrimonio. ¿Pero por qué tantos?

En aquel tiempo se tenía la módica cantidad de 7 chamacos por familia. Literal, nunca perderían por una reta de fútbol 7 por default.

Mis abuelos me cuentan que en ese tiempo la chamba abundaba. Entonces la preocupación económica no debió ser un límite.

Y si miramos los datos de aquella época, específicamente en México, los abuelitos se estaban muriendo a los 57 años. ¡CINCUENTA Y SIETE!

Teniendo en cuenta esta alarmante información, en ese contexto, tal vez la idea de traer criaturas a la tierra lo más rápido posible podría no parecer tan mala. Y a mis 28 años de edad, estaría yendo por mi 3er hijo.

Cuando mis padres nacieron (1971 y 1972), la esperanza de vida ya se había aumentado unos pocos años, de 57 a 62. Ya lo suficiente para comenzar a pensar en el retiro. La pensión. Y tal vez un tiempecito de oro de ser abuelos.

En esa época el promedio de fertilidad estaba en 6 niños por familia. Caso real pues mi mamá tiene 4 hermanas, y mi papá 2 hermanas. Podrás imaginar mis cenas navideñas. Sí, con 6 tías en total.

Esto sin mencionar los hijos que se perdieron por prácticas de salud que se tenían en la época.

Para el glorioso 1995, cuando yo nací, ya se alcanzaban los decentes 72 años. Y se tenían 3 niños por familia. Que en mi caso fuimos sólo 2.

Que justo para la edad que tengo, mis papás ya estaban celebrando el 4º aniversario de una de mis criaturas favoritas (Mi hermana Luisa).

Hoy (o al menos en 2013) la esperanza de vida rebasa los 77 años. Y hemos escuchado en bastantes ocasiones que mi generación tiene la posibilidad de llegar a los ¡CIEN! (¿Qué vamos a hacer con tanto tiempo?).

Mientras tanto, los hijos que estamos teniendo por familia son menos de 2!! ¿Podrías imaginar haber crecido sin primos? Los primos fueron nuestros primeros mejores amigos. Quienes son co-protagonistas de nuestros recuerdos más preciados… Y ahora ya no se da eso.

Pero bueno a lo que sigue…

Ahora le podemos dar más años de vida a menos niños. Estar más presentes. Aprender más y aceptar que aún así seremos el tema favorito para platicar con sus psicólogos en el 99% de sus sesiones.

Lo que me lleva a mi siguiente punto. Terapia. Un proceso/herramienta/viaje que de verdad me ha ayudado. Sobre todo a definir que cosas me importan, y qué cosas no tanto.

Porque sí ahora parece que viviremos tanto tiempo. Y tendremos menos hijos despertando nuestras alarmas el 100% del tiempo. Sería importante realmente preguntarnos, a que dedicaremos el recurso más importante de nuestras vidas. El tiempo.

Tomarme un momento para meditar la idea de tener hijos lo veo como una bendición. Porque sería muy desgastante ir por los años haciendo «Check» a cada decisión convencional de vida.

Recién me casé. Disfruto al máximo mi vida en pareja. No necesito un nuevo coche. Ni tampoco invertir en un terreno que me dará «seguridad». Terminar una maestría que no me convence. O traer niños al mundo con la promesa de generar muchos likes.

Tampoco quiero decir qué perezosamente hay que conformarnos. Porque hay cosas que sí me importan. Acumular la mayor cantidad de anécdotas y millas en otros países. Emprender. Escribir. Y sí, tener hijos, pero en un par de años más.

Así que esperese tantito tía. Y gracias por llegar hasta acá.

Viviremos muchos años más, es necesario saber reinventarnos, y soltar las cosas que no aportan. Por lo pronto, dejo una foto de mis pequeños perrhijos, que también me han enseñado mucho sobre responsabilidad paterna, y el estrés latente de que les pasará algo (Uno sufre más de la imaginación que la realidad.) :(.

Agradecimientos: Gracias a mis tías por preguntarme cosas de mi vida. Yo sé que a veces resulta incómodo, pero este pequeñito texto lo dedico a agradecerles siempre escucharme con atención. En especial a las 2 favs con quienes podemos echar chisme y café cualquier día de la semana. Y gracias Marina porque con amor revisaste este ensayo antes de ser publicado. Te amo.

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2 respuestas a «La vida es más larga, y los niños son menos.»

  1. Avatar de Argelia Almonte
    Argelia Almonte

    ese yisus! A mí lo que me parece excelente es que las generaciones de ahora se den tiempo de sentirse y conocerse de manera tal que dejen de lado los requerimientos para ser suficientes, de las generaciones anteriores, que si bien les funcionaron a ellos, no tienen por qué funcionar eternamente… sin ponerle estadística, me parece que el tiempo que duren, será de más calidad y más consciencia✨que chido leerte

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    1. ¡Claro Arge! Muy bien definido. Estamos empezando a dejar de lado los requerimientos para “ser” o “sentirnos” suficientes. La vida no tiene objetivos que aprobar como si fuéramos en la escuela.
      Aprender a vivir nos requiere de aclarar desde dentro que queremos alcanzar. Y dejarnos de obsesionar con el jardín del vecino, que seguido es a ojos de las generaciones anteriores (nuestros papás a veces) que pareciera más verde.

      ¡Gracias por leerme!

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